Autoestima sin estereotipos

Ya es momento de hacer una sociedad en la que no nos midamos por el género, el color de la piel, la orientación sexual, la posición económica o el lugar de origen, sino que vivamos en una sociedad en donde tengamos la valentía de mirarnos a los ojos despojados de etiquetas y abiertos a valorar nuestra autenticidad.

Los estereotipos existen y están inherentes en el ser humano, pues hacen parte de la construcción de imaginarios que hacemos referentes a una persona o grupo de personas que creemos conocer o de las que poco sabemos. Es una percepción exagerada en algunos casos, pues no corresponde a la realidad en sí misma, sino a una suposición dada por una experiencia, una creencia o una vaga idea. Es por eso que tal vez es imposible vivir sin estereotipos, sin embargo, valdría la pena preguntarnos: ¿Cuáles son los estereotipos más arraigados que tengo?, ¿Cuáles son los modelos de estereotipos que sigo?, ¿Me esfuerzo por cumplir con estos estereotipos?, ¿Le hacen daño a mi autoestima estos estereotipos?

¿Por qué es necesario que nos hagamos estas preguntas? Porque los estereotipos que siempre han estado presentes en nuestra historia parecen ser inofensivos y han carecido de la importancia que debería de tener, pues, sin darnos cuenta son estos los que configuran la manera en cómo nos vemos y nos relacionamos. Los estereotipos se han transmitido de generación en generación y por ende se construyeron bajo una sociedad colonial, patriarcal y conservadora, sociedad que no tenía la oportunidad de expresión que tenemos en la actualidad. Es por esto, que es momento de cuestionar y de romper algunos estereotipos de nuestras prácticas cotidianas, pues por culpa de estos nos estamos perdiendo por un lado la oportunidad de conocer nuestra autenticidad y de conocer a personas que nos pueden enriquecer nuestra visión del mundo.

Por ejemplo, dentro de los estereotipos existen diferentes categorías y unas de estas son los estereotipos de género, esa época donde las mujeres perdieron la oportunidad de elegir por sí mismas, de lograr el éxito en un mundo laboral porque los hombres son los que dominan las empresas, se ha transformado. Pensar que las mujeres son solo buenas para el hogar y no para construir sus propios sueños, es cosa del pasado.

¿Qué pasaría entonces, si las mujeres siguen participando del mundo laboral o decidieran ser empresarias? Si esto sucediera, seguramente el mundo de las empresas, por ejemplo, abriría más puertas profesionales para las mujeres, serían una fuente de ingresos y de trabajo que beneficiaría a toda una familia y una sociedad. Pero además, fortalecería la seguridad, la independencia y el autoestima de las mujeres, pues al reconocer su destreza, su capacidad de crecer y aportar al mundo empresarial, estarían dispuestas a hacer otro tipo de actividades relacionadas sus capacidades, como son las presidencias, gerencias y grandes cargos donde la participación de las mujeres sigue siendo un poco escasa.

Es por esto que, los estereotipos generalmente afectan en gran medida la capacidad de amar nuestra autenticidad. Y es ahí en donde podremos analizar que posiblemente los estereotipos estén construidos a partir del miedo de acercarse a lo desconocido, pueden estar unidos al miedo de encontrar otros caminos diferentes de ver la vida, de amar o de construir una sociedad donde seamos libre de ser quien queramos ser. Los estereotipos indudablemente buscan separarnos de lo que parece ser diferente y de esta manera perder la diversidad que como especie humana nos hace especial y única.

Por lo anterior es necesario crear nuevas acciones y narrativas que derriben esos viejos y obsoletos estereotipos que como sociedad nos están haciendo mucho daño. Es necesario cuestionarnos sobre la veracidad de lo que construimos sobre nosotros mismos y sobre algunas personas, cuestionarnos sobre nuestra responsabilidad en la perpetuación de estos estereotipos, pero, sobre todo, es necesario atrevernos a derribar los estereotipos desde nuestras prácticas cotidianas, desde nuestras creencias y desde nuestras propias relaciones, porque sólo de esta manera estaremos permitiéndonos la posibilidad de enriquecer nuestra autoestima y ampliar nuestras miradas del mundo.

Por ejemplo, son muchas las mujeres que se han atrevido a derribar los estereotipos de género, como es el caso de la Ecuatoriana Hermelinda Urbina, la primera mujer de América Latina en recibir la licencia como Piloto en 1932, derribando la absurda creencia de que las mujeres no saben manejar y mucho menos pilotear un avión, invitándonos a que borremos de nuestro lenguaje expresiones como “Mujer tenía que ser” al ver a una mujer manejando. O como la Boliviana Juana Azurduy, quien fue coronel y lideró ejércitos de hombres y mujeres que luchaban por la independencia, derribando el estereotipo de que las mujeres no saben liderar, combatir o batallar, invitándonos a que veamos a las mujeres en posiciones de liderazgo, como presidentas, alcaldesas, congresistas y que, como Kamala Harris actual vicepresidenta de los Estados Unidos, confiemos en que pueden comandar nuestro país sin miedo. Es hora de dejar de tildar a las mujeres como emocionales, débiles, inestables y conflictivas por exigir igualdad para elegir como quieren vivir su vida.

Ejemplos como los anteriores son muchos, existen y son necesarios de conocer y de resaltar para que entre todas las personas que habitamos este mundo escribamos nuevamente nuestra historia.  Es momento de construir una sociedad en la que no nos midamos por el género, el color de la piel, el lugar de origen, el colegio o la universidad en la que estudió, la profesión a la que nos dedicamos, sino que vivamos en una sociedad en donde tengamos la valentía de mirarnos a los ojos despojados de etiquetas y abiertos a valorar la vida humana.

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